José Guadalupe Bermúdez Olivares
El cierre de un año de trabajo representa siempre una oportunidad para hacer una pausa reflexiva, mirar el camino recorrido y valorar, con sentido crítico y propositivo, los avances alcanzados y los desafíos que permanecen abiertos. Para la Unión Estatal de Cooperativas del Estado de Michoacán, este ejercicio no es únicamente un acto administrativo o protocolario, sino un momento de conciencia colectiva que permite reafirmar el sentido del cooperativismo como proyecto económico, social y humano.
Durante el periodo que concluye, la Unión consolidó su presencia territorial en el estado, articulando a cerca de 200 nuevos colectivos solidarios, que junto a los que ya estaban están distribuidos en 52 municipios, muchos de esos colectivos liderados por mujeres y con fuerte arraigo en el sector agroalimentario. Este crecimiento no se mide únicamente en número de organizaciones afiliadas, sino en la diversidad de experiencias, saberes y prácticas productivas que hoy dialogan entre sí bajo una lógica de cooperación, solidaridad y apoyo mutuo. La construcción de esta red ha permitido fortalecer la identidad cooperativa y avanzar en la comprensión de que los problemas estructurales que enfrentan las comunidades rurales y semiurbanas no pueden resolverse de manera individual, sino desde lo colectivo.
Uno de los principales logros del año ha sido el fortalecimiento de las capacidades organizativas de las cooperativas afiliadas. A través de procesos de formación, acompañamiento técnico y espacios de reflexión, se ha trabajado de manera sistemática en la comprensión y vivencia de los principios y valores del cooperativismo, superando visiones reduccionistas que conciben a la cooperativa únicamente como una figura jurídica o un mecanismo de acceso a apoyos gubernamentales. Este énfasis formativo ha contribuido a que muchas cooperativas avancen hacia una gestión más democrática, transparente y participativa, fortaleciendo su vida interna y su proyección comunitaria.
Asimismo, se lograron avances significativos en la vinculación institucional. La Unión estableció canales de diálogo con dependencias estatales y federales (Sedeco, Bienestar, SiFinancia, Sader, CIDAM, Financiera para el Bienestar, Secretaría de Economía), así como con instituciones académicas (ININEE, IIAF, Institutos tecnológicos, UIIM, Facultad de Economía) y organizaciones de la economía social (COSUCOOP, Unión de coopertaivas de Tacámbaro, Unión de cooperativas de Baja California, Unión de cooperativas de Sonora, etc), lo que permitió posicionar al cooperativismo como un actor estratégico en las discusiones sobre desarrollo regional, soberanía alimentaria y economía social y solidaria. Estas alianzas no solo abren posibilidades de gestión de recursos y programas, sino que colocan en la agenda pública la necesidad de transitar hacia modelos económicos centrados en la vida, el trabajo digno y el cuidado del territorio.
Otro logro relevante ha sido la visibilización del papel de las mujeres en el cooperativismo michoacano. El acompañamiento a cooperativas integradas y dirigidas por mujeres permitió reconocer sus prácticas colectivas como estrategias de resistencia frente a la violencia, la precariedad económica y la exclusión histórica. En este sentido, la Unión ha comenzado a construir un enfoque que articula economía social, perspectiva de género y desarrollo comunitario, entendiendo que el cooperativismo no solo genera ingresos, sino también procesos de empoderamiento, autonomía y transformación subjetiva.
No obstante, el balance anual también permite identificar retos importantes que demandan atención prioritaria. Uno de los principales desafíos sigue siendo la consolidación económica de las cooperativas. Muchas de ellas enfrentan limitaciones en el acceso a financiamiento, en la diversificación de mercados y en el fortalecimiento de sus cadenas de valor, lo que dificulta su sostenibilidad a mediano y largo plazo. Superar este reto implica profundizar en estrategias de integración productiva, comercialización colectiva y construcción de marcas cooperativas con identidad territorial. Nuestra participación en los NODESS es una apuesta a recibir del proceso de formación e investigación de las instituciones de educación.
No es para menos el reto de lograr una Ley de Fomento cooperativo para el estado de Michoacán, así como programas sociales gubernamentales enfocados al cooperativismo y al desarrollo social comunitario con una visión de desarrollo local donde nadie se quede atrá y se pase de visiones empresariales, que nada aportan a esta visión, a una visión de desarrollo interno donde el centro es la persona y no el capital, en este tenor se encuentra el reto de insertarnos en el polo de desarrollo anunciado por el gobierno federal y negado por funcionarios estatales.
Otro reto central es avanzar en la articulación efectiva entre cooperativas, pasando del reconocimiento mutuo a la cooperación económica real. Si bien se ha avanzado en la construcción de una identidad común, aún es necesario fortalecer los mecanismos de intercooperación que permitan compartir recursos, conocimientos y capacidades productivas, reduciendo la competencia interna y potenciando el impacto colectivo. Este desafío exige tiempo, confianza y procesos formativos continuos que ayuden a desactivar prácticas individualistas heredadas de modelos económicos dominantes.
Persiste el reto de la formación de cuadros directivos y de relevo generacional. La sostenibilidad del movimiento cooperativo requiere apostar por la formación de nuevas liderazgos, especialmente de jóvenes, que asuman con responsabilidad y visión crítica la conducción de las organizaciones. Esto implica no solo transmitir conocimientos técnicos, sino también fortalecer una ética cooperativa basada en la solidaridad, la democracia y el compromiso social; la investigación humanista que explica los procesos, retos y oportunidades, que abre visiones y caminos por transitar, es un elemento al que no podemos renunciar, mismo que nos articulará con las instituciones de educación superior.
En perspectiva, el balance del año permite afirmar que la Unión Estatal de Cooperativas del Estado de Michoacán ha avanzado de manera significativa en la construcción de un proyecto colectivo con raíces territoriales y vocación transformadora. Los logros alcanzados son resultado del esfuerzo compartido de las cooperativas afiliadas, de sus liderazgos y de las comunidades que sostienen día a día este proceso. Al mismo tiempo, los retos identificados invitan a redoblar esfuerzos, profundizar la reflexión colectiva y fortalecer las estrategias de organización, formación y articulación.
Cerrar el año con este ejercicio de balance no significa clausurar un ciclo, sino preparar el terreno para el que inicia. En un contexto marcado por la desigualdad, la crisis ambiental y la descomposición del tejido social, el cooperativismo se reafirma como una alternativa viable y necesaria. La Unión, desde Michoacán, asume el compromiso de seguir caminando junto a las cooperativas, construyendo, desde lo colectivo, una economía para la vida.
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